Guerra y fletes: el mapa logístico redefine precios y abre una ventana para Sudamérica
La escalada militar en Medio Oriente comenzó a reflejarse no solo en el mercado energético, sino también en la formación de precios de los principales commodities agroindustriales. El bloqueo de embarques petroleros a través del Estrecho de Ormuz tras la respuesta iraní a la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel impulsó con fuerza la cotización internacional del crudo y reconfiguró el tablero logístico global.
Ese movimiento tuvo un correlato inmediato en el aceite de soja, insumo clave para la producción de biodiésel tanto en Estados Unidos como en el Mercosur. En el mercado de futuros de CME Group, las posiciones del subproducto reaccionaron al alza, apalancadas por la expectativa de mayor demanda energética y el encarecimiento de los combustibles fósiles.
Sin embargo, el resto del complejo sojero no acompañó la misma dinámica. Los contratos de poroto y harina operaron con mayor cautela ante la incertidumbre que introduce un conflicto de alcance regional con potencial impacto en rutas marítimas estratégicas y costos de transporte.
La ecuación logística es el factor determinante. El virtual deterioro de la operatoria en el Canal de Suez (ya afectado desde 2023 por ataques en el Mar Rojo) obliga a redireccionar servicios hacia el Cabo de Buena Esperanza. El rodeo por el sur de África implica más millas, más días de navegación y mayores costos de bunker y seguros.
En ese contexto, los valores FOB de los productos exportables tienden a ajustarse a la baja para sostener competitividad frente a destinos asiáticos. El trigo es un ejemplo elocuente: pese a que la disrupción en el eje Mar Negro–Asia debería sostener precios, el encarecimiento logístico modera las subas esperadas.
Estados Unidos enfrenta un condicionante adicional. Si bien una porción de sus exportaciones puede salir por puertos del Pacífico, la mayor parte del flujo agroindustrial se canaliza a través del Golfo de México. Para alcanzar Asia, esos embarques dependen del Canal de Panamá, cuya capacidad operativa es limitada y no siempre garantiza cupos suficientes.
Ese cuello de botella abre una ventana competitiva para Sudamérica. Los embarques originados en el Atlántico sur no necesitan atravesar Suez para llegar a Asia, y tampoco dependen de la disponibilidad del Canal de Panamá en la misma magnitud que sus competidores del Golfo estadounidense.
El maíz, por su parte, mostró un ajuste menos pronunciado. Parte sustancial del programa exportador estadounidense 2025/26 ya se encuentra comprometido, y el eventual impulso derivado de la habilitación del E15 a nivel nacional en Estados Unidos podría aportar sostén adicional al cereal.
En síntesis, el mercado agroindustrial no solo mira la geopolítica; calibra rutas, tiempos y costos. La reconfiguración logística impone una nueva matriz de competitividad donde el diferencial no está únicamente en el rinde o el tipo de cambio, sino en la distancia efectiva al destino y en la capacidad de sortear los cuellos de botella marítimos. En ese nuevo mapa, Sudamérica gana protagonismo mientras el comercio global vuelve a operar bajo tensión.







































