El proyecto de AMAGGI que abrió el camino para la navegación fluvial con biodiésel B100 en Brasil

Aunque la experiencia comenzó en 2024, el proyecto sigue siendo uno de los casos más avanzados de descarbonización del transporte fluvial en Sudamérica y un modelo que despierta interés para la Hidrovía Paraguay-Paraná.


21 de julio de 2026

La transición energética en el transporte por agua ya no es una proyección a futuro. En mayo de 2024, la agroindustrial brasileña AMAGGI marcó un hito al realizar la primera operación de una embarcación fluvial impulsada exclusivamente con biodiésel B100 (100% biodiésel), una experiencia que continúa siendo referencia para el sector logístico y naviero de la región.

El protagonista de la prueba fue el empujador Arlindo Cavalca, que zarpó el 11 de mayo de 2024 desde Porto Velho (Rondônia) rumbo a Itacoatiara (Amazonas), navegando por los ríos Madeira y Amazonas con un convoy de 25 barcazas graneleras. Durante el viaje consumió alrededor de 120.000 litros de biodiésel B100, producido por la propia compañía a partir de aceite de soja.

La operación fue posible gracias a una autorización especial otorgada por la Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP) de Brasil, convirtiéndose en el primer ensayo de este tipo realizado en el país. El objetivo fue evaluar el desempeño técnico del combustible renovable en condiciones reales de navegación y analizar su potencial para reducir la huella de carbono del transporte fluvial.

Según AMAGGI, el reemplazo del diésel marino convencional por biodiésel B100 puede disminuir las emisiones de CO₂ en aproximadamente 99%, de acuerdo con la metodología del GHG Protocol. El proyecto forma parte de la estrategia de la empresa para alcanzar la neutralidad de carbono hacia 2050 y contempla el uso de B100 no solo en embarcaciones, sino también en camiones y maquinaria agrícola.

Un antecedente que sigue vigente

Si bien el ensayo no constituye una noticia reciente, el proyecto mantiene plena actualidad por el creciente interés mundial en la descarbonización del transporte marítimo y fluvial. En un escenario donde la Organización Marítima Internacional (OMI) y los principales mercados impulsan combustibles de bajas emisiones, la experiencia de AMAGGI demuestra que los biocombustibles pueden convertirse en una alternativa de aplicación inmediata para parte de la flota existente.

Para la Hidrovía Paraguay-Paraná, donde operan miles de barcazas y remolcadores abastecidos con diésel, iniciativas como esta ofrecen un caso concreto para analizar el potencial de los biocombustibles producidos en la región, especialmente considerando que Argentina y Brasil se encuentran entre los principales productores mundiales de biodiésel de soja.

La experiencia brasileña no resuelve por sí sola los desafíos técnicos, regulatorios y económicos de una transición energética en la navegación interior, pero sí aporta una referencia concreta sobre la viabilidad operativa del uso de combustibles renovables en convoyes fluviales de gran porte.