VMOS entra en zona crítica: la sincronización define la primera exportación desde Punta Colorada

Con el oleoducto prácticamente concluido, el proyecto Vaca Muerta Oil Sur avanza hacia una etapa menos visible pero decisiva: lograr que todos los sistemas operen en simultáneo. La posibilidad de concretar el primer embarque de crudo desde Punta Colorada antes de fin de año ya no depende de una obra puntual, sino de la coordinación fina entre infraestructura en tierra, operaciones offshore y logística.


23 de abrol de 2026

El desarrollo general supera la mitad de ejecución y el ducto troncal dejó de ser el foco. Ahora, la atención se concentra en los frentes finales, donde cada componente tiene un grado de interdependencia que eleva la exigencia operativa. No hay margen para desfasajes: el sistema completo debe funcionar como una única unidad.

En tierra, la terminal y, especialmente, la playa de tanques aparecen como una pieza estructural. Allí se instalan unidades de almacenamiento de gran escala, con capacidades que rondan los 120.000 metros cúbicos, clave para garantizar continuidad en la carga. Aunque ya se registran avances como la colocación de techos geodésicos, el sistema aún no está plenamente operativo. Sin capacidad de almacenamiento, la exportación directamente no es viable, por lo que este frente marcará el ritmo del proyecto en los próximos meses.

En paralelo, el frente marítimo concentra el mayor nivel de complejidad. La instalación de monoboyas tipo SPM, necesarias para la carga de crudo en mar abierto, se perfila como el cuello de botella del esquema. Para su montaje ya comenzaron a arribar componentes críticos, entre ellos anclas de gran porte y cadenas que fijarán las estructuras al lecho marino a unos 45 metros de profundidad.

Se trata de una operación que combina ingeniería de precisión, condiciones climáticas favorables y una logística altamente especializada. Sin este sistema en funcionamiento, el resto de la infraestructura pierde sentido operativo. En términos concretos, es el punto que define si el proyecto puede o no exportar.


A este escenario se suma la complejidad logística. El despliegue offshore requiere buques específicos, ventanas de trabajo acotadas y una secuencia de tareas sin interrupciones. Cualquier desvío impacta de manera directa en el cronograma general.

De acuerdo con relevamientos del sector, el avance ya supera el 58%, con el ducto prácticamente terminado. Esa situación confirma el cambio de etapa: de la construcción visible a la integración operativa.

En este contexto, el objetivo de despachar el primer buque en diciembre aparece como posible, pero condicionado. El desafío central es lograr que la terminal en tierra, el sistema offshore y la logística funcionen en simultáneo, sin fallas ni retrasos.

La cuenta regresiva ya está en marcha, pero el resultado dependerá de un factor menos tangible que la obra civil: la capacidad de ejecutar con precisión milimétrica un sistema que no admite errores.