El próximo desafío de Vaca Muerta no está bajo tierra

Vaca Muerta ya demostró su potencial productivo. El próximo salto está en la superficie: integrar infraestructura, logística, corredores, inversión y capacidades locales para convertir esa ventaja energética en una plataforma competitiva de largo plazo.


16 de octubre de 2026

Según los registros de la Secretaria de Energía de la Nación, Vaca Muerta alcanzo en agosto de 2026 una producción cercana a los 670.000 barriles diarios de petróleo, aproximadamente un 4,2 % más que en julio. El nuevo máximo vuelve a reflejar el crecimiento sostenido de la formación y su creciente protagonismo en la producción energética argentina.

Los números confirman algo importante: Vaca Muerta dejo de ser una promesa para convertirse en una realidad productiva de escala internacional. Y ese crecimiento abre una nueva etapa.

Durante años, la pregunta central fue como aumentar la producción. Hoy comienza a ganar peso otra: ¿como transformar ese crecimiento en una ventaja competitiva para Argentina?

La respuesta ya no está solamente en el subsuelo. Esta en la capacidad de mover eficientemente lo que se produce, ampliar las alternativas de exportación, coordinar las inversiones y aprovechar esa transformación para desarrollar infraestructura, proveedores, conocimiento y capital humano.

En otras palabras, el desafío o cambio de escala, pero también representa una oportunidad.

1. De producir más a mover mejor

El avance de Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) refleja esa transición. Con una capacidad base proyectada de 377.400 barriles diarios, el proyecto ampliará significativamente la capacidad de evacuación hacia la costa atlántica.

Pero la logística energética no termina en un ducto. El desarrollo de cada nuevo pozo moviliza arenas, equipos, personas, servicios e insumos; demanda rutas y accesos y vuelve a poner sobre la mesa el potencial del ferrocarril y de una mayor articulación entre modos de transporte.

¿Qué hacer entonces? Pasar de resolver restricciones individuales a planificar flujos. Esto implica identificar anticipadamente donde aparecerán nuevas necesidades de capacidad, coordinar las inversiones en rutas, ductos, ferrocarriles y puertos y compartir información entre los actores públicos y privados que intervienen en la cadena.

El objetivo es simple: que la infraestructura acompañe al crecimiento antes de convertirse en una restricción.

2. Más corredores, más alternativas

Pensar Vaca Muerta únicamente desde Neuquén sería mirar una parte del mapa. Su competitividad también se define en los corredores que permiten conectar la producción con los mercados.

La salida hacia el Atlántico, con Puerto Rosales y la nueva infraestructura de evacuación, está ampliando la capacidad exportadora. Al mismo tiempo, fortalecer las conexiones hacia el Pacifico, mediante pasos cordilleranos y su articulación con infraestructura chilena, puede sumar alternativas para alcanzar mercados internacionales, particularmente los asiáticos.

No se trata de elegir un océano. La oportunidad está en complementarlos.

Una estrategia de corredores diversificados permite ampliar mercados, generar alternativas ante contingencias y mejorar la resiliencia logística. En un escenario internacional donde la seguridad energética y la confiabilidad de las cadenas de abastecimiento ganan relevancia, tener más de una puerta de salida también puede convertirse en una ventaja competitiva.

Epígrafe de imagen (archivo adjunto por separado): Vaca Muerta y sus corredores estratégicos. La competitividad exportadora no depende de una única salida: la articulación entre el Atlántico y el Pacifico amplia alternativas logísticas y posibilidades de acceso a los mercados internacionales.

3. De atraer inversiones a construir capacidades

La magnitud de las inversiones previstas alrededor de Vaca Muerta abre una oportunidad que excede al propio sector energético. Argentina LNG, por ejemplo, contempla inversiones anunciadas por aproximadamente USD 51.000 millones, una escala que permite dimensionar la transformación que podría producirse alrededor del desarrollo del recurso.

En ese escenario, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) cumple un papel relevante al generar condiciones para proyectos intensivos en capital y de largo plazo. Pero esta nueva etapa también abre una discusión hacia adelante: como aprovechar esas inversiones para potenciar capacidades que trasciendan cada proyecto individual.

La oportunidad es pensar la inversión como un punto de partida. A medida que el régimen evolucione, será importante evaluar mecanismos o instrumentos complementarios que profundicen la vinculación de los grandes proyectos con el desarrollo de proveedores, la infraestructura estratégica, la educación técnica y universitaria, la innovación y la transferencia de conocimiento.

¿Como podría materializarse? Articulando empresas con universidades y centros de formación para anticipar los perfiles profesionales que demandará el sector; desarrollando proveedores capaces de incorporarse a cadenas de mayor complejidad; identificando infraestructura que pueda servir tanto a los proyectos como a los territorios; y generando espacios público-privados que permitan coordinar necesidades e inversiones.

¿Por qué hacerlo? Porque una inversión de gran escala puede producir dos efectos simultáneos: ampliar la capacidad energética y exportadora del país y, al mismo tiempo, acelerar la construcción de capacidades productivas, logísticas y humanas que permanezcan en el territorio.

Ese podría ser uno de los grandes saltos de Vaca Muerta: pasar de medir su impacto solamente por barriles, metros cúbicos o dólares invertidos a medir también cuanto conocimiento, infraestructura y capacidad empresarial logra generar a su alrededor.

Epígrafe de imagen (archivo adjunto por separado): Una inversión que cambia de escala. Los proyectos vinculados a Vaca Muerta muestran la magnitud del nuevo ciclo energético y la oportunidad de convertir ese flujo de capital en infraestructura, capacidades productivas y desarrollo de largo plazo.

El próximo salto

Vaca Muerta ya cuenta con tres elementos difíciles de reunir al mismo tiempo: recursos, crecimiento productivo e inversiones de gran escala. El próximo paso es lograr que esas fortalezas funcionen de manera integrada.

Mover mejor la producción, anticipar infraestructura, diversificar corredores, conectar empresas con proveedores y universidades y fortalecer la articulación entre el sector público y privado permitiría transformar una ventaja geológica en una ventaja competitiva mucho más amplia.

No se trata solamente de exportar más energía. Se trata de aprovechar ese crecimiento para construir capacidades que permitan a Argentina competir mejor, llegar a nuevos mercados y generar oportunidades que trasciendan al propio yacimiento.

Por eso, quizás el próximo gran desafío de Vaca Muerta no esté bajo tierra.

El recurso ya está demostrando su potencial.

La oportunidad ahora está en todo lo que seamos capaces de construir a partir de él.

 

Por Silvana Salin

Licenciada en Logística Integral