Día de la Industria Naval: CINA reclama condiciones para producir y competir

En el Día de la Industria Naval, la Cámara de la Industria Naval Argentina planteó la necesidad de reducir la presión impositiva, recuperar herramientas de financiamiento y generar condiciones que permitan a los astilleros nacionales competir con la industria regional.


12 de septiembre de 2026

La industria naval argentina no necesita discursos de ocasión. Necesita condiciones para producir y competir.

En este 12 de septiembre, Día de la Industria Naval, desde la Cámara de la Industria Naval Argentina consideramos necesario plantear una pregunta concreta:

¿Qué espera el Gobierno de la industria naval argentina?

No queremos soñar con castillos en el aire ni imaginar una gran torta para celebrar un nuevo aniversario. Queremos hablar de una realidad concreta: por más esfuerzos que realicen los empresarios, especialmente las Pymes, sin la participación activa del Estado no podremos alcanzar condiciones de competitividad.

Cuando se abre la estructura de costos de un astillero, los problemas aparecen con claridad: chapa naval, insumos, mano de obra, costo financiero y una carga tributaria onerosa que impacta directamente sobre el precio final y termina dejándonos fuera de mercado.

A esto se suma un problema que CINA viene planteando desde hace años: la necesidad de reducir la presión impositiva sobre la actividad productiva y, particularmente, el impacto de Ingresos Brutos.

Ingresos Brutos es un impuesto que se acumula a lo largo de las distintas etapas de producción y comercialización y que termina incorporándose al costo de los bienes y servicios. En una industria como la naval, donde intervienen numerosos proveedores y donde los ciclos de construcción son extensos, su impacto sobre el precio final es particularmente significativo.

Por eso, consideramos necesario avanzar en un esquema que reduzca progresivamente la carga tributaria que afecta a la construcción y reparación naval, en coordinación con las provincias. No se trata solamente de una cuestión sectorial: una industria naval competitiva también significa más actividad, más empleo, más proveedores y mayor recaudación genuina para las propias provincias.

Pero la competitividad no se resuelve solamente reduciendo costos.

También necesitamos financiamiento.

Argentina ya ha tenido herramientas destinadas a promover la industria naval que deben ser recuperadas y fortalecidas. Entre ellas, el fondo establecido por la Ley de la Industria Naval, concebido como un instrumento para acompañar el desarrollo y la renovación de la flota y estimular la construcción nacional.

Del mismo modo, consideramos fundamental recuperar y fortalecer el leasing como herramienta de financiamiento y promoción de la construcción naval, particularmente a través del Banco Nación.

El leasing puede permitir que empresas de transporte, logística, pesca, servicios portuarios, energía y otras actividades vinculadas a la economía productiva accedan a una embarcación construida en un astillero argentino sin afrontar de manera inmediata todo el costo de la inversión.

Esto no debería verse como un gasto financiero.

Es una herramienta de política industrial.

Mientras tanto, nuestros competidores regionales avanzan con políticas de promoción, mecanismos de financiamiento y condiciones que les permiten sostener y desarrollar sus industrias navales.

El resultado es evidente: nuestros astilleros trabajan con una capacidad productiva reducida, mientras otros países de la región fortalecen sus industrias, incorporan tecnología, generan empleo y capturan negocios que podrían realizarse en Argentina.

La pregunta entonces no es si la industria naval argentina tiene capacidad.

La tiene.

Tenemos astilleros, ingenieros, técnicos, trabajadores especializados, proveedores nacionales y décadas de conocimiento acumulado. Tenemos además una enorme demanda potencial vinculada con la Hidrovía, el transporte fluvial y marítimo, la energía, la minería, la pesca, los puertos y el comercio exterior.

La pregunta es otra:

¿Argentina quiere tener industria naval?

Si la respuesta es sí, el Estado debe generar las condiciones para que esa industria pueda producir y competir.

Desde CINA entendemos que se necesitan herramientas concretas, previsibles y sostenidas en el tiempo:

• reducción de la carga impositiva que impacta sobre la producción; • revisión del impacto de Ingresos Brutos sobre la construcción y reparación naval; • recuperación y fortalecimiento del fondo previsto por la Ley de la Industria Naval; • financiamiento competitivo y de largo plazo; • leasing del Banco Nación como herramienta de financiamiento y promoción de la construcción nacional; • y reglas que permitan a los astilleros argentinos competir en igualdad de condiciones con Brasil, Paraguay y el resto de la región.

No estamos pidiendo privilegios.

Estamos pidiendo competitividad.

Porque construir un buque en Argentina no significa solamente construir un buque.

Significa generar empleo industrial, desarrollar proveedores, incorporar tecnología, formar profesionales y técnicos, sustituir importaciones, fortalecer nuestra logística y evitar que millones de dólares destinados a la construcción y reparación naval terminen financiando industrias de otros países.

Y hay algo más:

Cada buque que no se construye en Argentina es una oportunidad industrial, tecnológica y laboral que se pierde.

La industria naval no puede ser considerada únicamente como un sector más de la economía. Es parte de la infraestructura productiva, logística y estratégica de la Nación.

Por eso, este 12 de septiembre no queremos solamente celebrar.

Queremos abrir un diálogo concreto con el Gobierno Nacional, las provincias y todos los actores de la economía:

¿Qué industria naval quiere la Argentina?

Y, fundamentalmente:

¿Qué está dispuesta a hacer para que esa industria pueda producir, competir y crecer?

Desde CINA estamos dispuestos a aportar nuestra experiencia, nuestras empresas y nuestras propuestas.

Porque la Argentina puede construir sus propios buques.

Lo que necesita son las condiciones para hacerlo.

SIN COMPETITIVIDAD, NO HAY INDUSTRIA. Y SIN INDUSTRIA NAVAL, PERDEMOS DESARROLLO, EMPLEO Y SOBERANÍA PRODUCTIVA.